El 11 de marzo del 2019 se celebró una jornada de encuentros filosóficos en la univerisidad de Salamanca.

Los asistentes previstos eran John R. Searle, Maurizio Ferraris y Tiziana Andina , aunque finalmente solo pudieron asistir estos dos últimos.

Ese dia conocí las propuestas del Nuevo Realismo impulsado por M. Ferraris y Marcus Gabriel.

La propuesta se inicia de manera emergente  y  también de emergencia ante el abuso del Imperio al respecto de como este impone sus nuevas narraciones de «supuesta realidad» para que ese resto del mundo, que no pertenece a la élite del Imperio, estudie esa narrativa artificial proveniente de su agenda, en tanto que esta estructurada con una teleología o propósito que recuerda a un ouroboros de que se retroalimenta de «poder» o la búsqueda del mismo, y que aspira a la imposición de esta narrativa como lo «real».

Captura de la imagen de la conferencia ofrecida por Maurizio Ferraris acerca de la cita de Karl Rove.

 

Las palabras de Karl Rove, consejero del presidente George Bush, se traducen así:

«Ahora somos un imperio, y cuando actuamos, creamos nuestra propia realidad. Y mientras estudias esa realidad, juiciosamente, como lo harás, actuaremos de nuevo, creando nuevas realidades, que también puedes estudiar, y así es como se resolverán las cosas. Somos los actores de la historia. . . y ustedes, todos ustedes, solo tendrán que estudiar lo que hacemos «(Ron Suskind, NYTimes Magazine, 17 de octubre de 2004).

Podría resultar evidente que una descripción tan elaborada y contundente como la de Rove no búscaba sino transmitir y compartir lo atroz de la sensación de impunidad radical de ser creadores de tal «realidad», y más que una posición territorial parece una llamada a tomar consciencia de lo que ese «Imperio» se ve avocado a ejecutar para perpetuarse cual sea y como sea su costo. Aunque tal costo sea en ocasiones la propia disciplina de la historia.

Esta perspectiva, unida a la crítica por parte de Gabriel al «transhumanismo digital» que ansia proyectarse dentro de una máquna para conseguir su «inmortalidad», hacen que pertinentemente este filósofo establezca una crítica hacia este conjunto de ficciones que la resaca del postmodernismo deconstructivista nos ha legado.

En cierta manera, Gabriel nos dice, estariamos volviendo a una especie vuelta a ciertos rituales del pasado del mundo egipicio, donde el fáraon aspiraba a realizar su inmortalidad vinculandose a las estrellas septentrionales. Pero en este caso  estamos utilizando «la técnica», es decir la informática como un objeto «simbólico pero no conceptual» para realizar esa aspiración. O al menos las élites que se proyectan en tales fantasias.

*Esta diferencia entre lo símbolico como lo mítico y lo conceptual como científico correponderia a la distinción establecida por el Dr, Javier de Lorenzo, filósofo matemático de la universidad de Filosofía de Valladolid. Su artículo AQUI

Es remarcable esa diferencia entre «lo simbólico» y «lo conceptual», ya que esa técnica de supuesta ideal «inmortalidad» en estos momentos no se propondría como «simbólica» sino como «científica» en tanto que conceptual. Y es eso tiene un cierta dimensión de tipo perverso en tanto que adulterada, puesto que nadie conoce los efectos de una «inmortalidad dígital», y uno no seria o significaría más que la recopilación de los datos y documentos digitales que se establecen en la retrospectiva de un tiempo suspendio en su propio artifício. Esta reconstrucción quiere equiparse a la experiencia del «tiempo real» donde consciencia y fisicalidad se dan de forma simultánea. Por otro lado sería muy fácil crear un «fake» que simulara una personalidad muerta digitalmente hablando con los programas de simulación digital artificial actuales.

Es decir, no hay ninguna ciencia que soporte tal teoría de forma práctica, sino que se trata de una forma de expresión de Fé simbólica en la propia técnica en tanto que acción ritual, que sin embargo gente como Kurzweil venden como una supuesta experiencia «real» a futuro. Sin embargo Ferraris hace la oportuna distinción entre la naturaleza de la máquina que tiene su dispositivo alternando entre «on/off, on/off, on/off, on /off, on,off….» y el ser humano es sin embargo, solo un «on/off» nacimiento y muerte, y eso para Ferraris genera la emergencia de la vida a ser vivida, en tanto que deseos, qualia y consciencia de lo efímero.

De la misma manera la perversión del Imperio es la de «introducir» su narrativa adulterada también dentro de ese «tiempo suspendido» y como un agente residual del que extraer recursos para construir una narración alternativa que aspira a una configuración de una «realidad alternativa» que opere como Real.

Es muy posible que estemos viviendo ya esa realidad de narración adulterada, donde la propia disciplina de la «historia» ha sido hackeada o trata de someterse a tales «hackeos», en tanto que pretende articular discursos sobre todo del ámbito populista nacional de primer cuarto del siglo XXI.

¿Cual es la alternativa?

Los nuevos realistas, como Ferraris, Gabriel, Andina, aspiran a rehacer la capacidad de los ciudadanos y personas de establecer su propia «realidad» al margen de ser hackeados perceptivamente por la «anti-realidad» del Imperio.

Un noble propósito para la posible perpetuación de la autonomía de la autoconsciencia y por lo tanto la acción verdaderamente libre no alienada o adultaderada por estas influencias externas.

Pero aquí viene la posible flaqueza del tema, parte de la estratégia es la de utilizar «una nueva antropología» basada en Hegel y Spinoza en el caso de Andina para operar esta nueva «ontología social». Esta perspectiva de la utilización de una «antropología humanista» creo que no es la adecuada para tal efecto, en tanto que no ha sido la función de la «antropología» la de hacernos «más humanos» o «más sabios» en nuestra toma de decisiones. Es una disciplina que nos ofrece una perspectiva y origen, pero no representa el conjunto de saberes del ser humano aunque se centre en el estudio del mismo. 

La antropología ha sido un sistema de clasificación anómalo de una cultura que ha desarrollado una disciplina para «observar» a las otras como si su visión estuviera ya racionalmente pura y sin contaminar, como si el operativo perceptivo de la antropología hubiera sido creado bajo una visión científica completa en su ética y manual intepretativo eficaz acerca de la cultura que estaba estudiando. Lejos de esa «realidad» la antropología fue una disciplina que fue creada bajo una visión, que  en la mayoría de los casos, ponía a los «científicos caucasianos» por encima de las culturas que observaban. Incluso si la antropología hubiera sido creada por otro grupo étnico como «cientificos chinos», su visión equivale a una visión igualmente limitada. No se trata aquí de hacer un detrimento racial  de lo «caucasiano» ya que esta disciplina  pudo haberse desarrollado dentro de cualquier raza, sino que esta crítica apunta a que su operativo intelectual se basa en «una expecepcionalidad en el punto de vista» desde una razón idealizada con la intención establecer una clasificación sobre lo observado. Tal idealización del uso de la «razón» como instrumento conocedor y por lo tanto idoneo para la propuesta del «nuevo realismo» me parece que tiene ciertos puntos ciegos.

Si acaso podemos pensar que aparentemente los tiempos han cambiado, y por lo tanto también el operativo de la antropología, esto bien podría ser un espejismo, ya que como herramienta «humanística» le queda camino por andar. En muchos casos la información antropológica ha servido para hackear el comportamiento ciertas tribus ante la especulación económica de su terreno, como en el caso de los Mapuches en Chile. No deberiamos dejarnos arrastrar por el hecho de que porqué esta disciplina diseccione el comportamiento humano ese «conocernos» nos haga más y mejores humanos, ya que ese conocimiento puede ser usado como objeto de manipulación, que es de hecho lo que sucede con el Big Data, el cual recopila datos de comportamiento para capitalizarlos, e instrumentalizarlos de forma aún insospechadas, pero sin embargo ya intuidas en nuestro imaginario.

El «Temet Nosce» o «conoceté a ti mismo», tiene una dimensión intima y personal con el aspecto de la «qualia» individual. En cambio el «conocernos» es subceptible de más vulnerabilidad práctica al respecto de ese conocimiento interno, y subceptible de manipulación en tanto que concepto gregario. La conocida justificación de «mal de muchos consuelo de tontos», que evita la resolución de una cuestión personal que ha de ser atendida por el «yo» no por el «nosotros».

A lo que se aspira con esta reflexión es a que, en tanto que el problema se nos muestra como multidisciplinar, la forma de abordarlo ha de tener esa óptica. El «nuevo realismo», unido a una «nueva ontología social» en contraposición al «anti-realismo»,  debería atender de forma poliedríca los desafios a los que se vé sometido y entender que el ser humano se relaciona también energética con el ecosistema que nos acoje y al que estamos vinculados biológica y simbólicamente. En ese sentido, la propia técnica, y el hecho de que el «anti-realismo» acabé por hacerla más simbólica que conceptual, en tanto que le despoje de su valor de utilidad para ser un valor de status, ha de volver a ser pensada en su cualidad de enfoque. 

Esta dimensión simbólica, y por lo tanto abstracta de la técnica, nos arrincona cada vez más a medios tecnológicos que no nos permiten una fluidez en el desplazamiento físico. Hablo de que el transporte individual y colectivo sea eficientemente energético consiguiendo asi una autonomía de desplazamientos que tomen en cuenta al ecosistema de relaciones biológicas en el que vivimos, ya que estos medios como las redes sociales nos abstraen y nos atomizan, nos configuran como entidades meramente virtuales donde la sincronia de tiempo real entre consciencia y cuerpo cada vez se vé y percibe más separada. En cambio, una técnica conceptual, utilitaria, no centrada en el capital a toda costa, sino en el valor de su instrumento podría depojarse de esa «trascendencia simbólica» al que el misticismo tecnocrático capitalista actual parece aspirar, el de darnos las experiencias de perpetuar «nuestra alma», un humo, una niebla seductora que habla a nuestra concidición de transito por la vida física.

El enfoque en el problema incide en recuperar una «técnica», en tanto que tecnología,  vuelva a ser «conceptual» y no «simbolicamente mesiánica» como pretenden algunos. Esto es urgente, ya que el marcar el límite entre lo que es puramente humano y no lo es, precisamente, puede aumentar la cualidad de las soluciones de los problemas que tenemos que resolver, y no ser distraidos por «cantos de sirenas» acerca de máquinas místicas que configuren nuestra mentepor otra en su lugar virtual pero concebida simbólica y conceptualmente como totalmente análoga a la mente física más allá de la existencia del tiempo vital, donde  la sincronia entre consiciencia, corporalidad y tiempo real se disuelva en la nada y carezcen de sentido.

Hay un peligro de que al científico o al programador se le va como un nuevo profeta infalible, y  la filosofía es el ejercicio especular (de espejo) que permite el refinamiento de percibir los futuros óptimos para una convivencia entre disciplinas que no se opongan entre si, sino que se complementen entre ellas para que el ser humano, pueda seguir siendo precisamente humano en toda su dimensión cualitativa.

Al respecto de la antropología hice un vídeo en el 2002 en clave de crítica o sátira de la propia disciplina.